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jueves, 3 de septiembre de 2015

La vie en blanc

A partir de aquel día, el del baile, todo empezó a cambiar, Farkon había dejado de molestarme e incluso se mostraba amable conmigo, lo cual no solo me llamaba mi atención, sino los demás, quizás el temor a una reprimenda paterna le había hecho cambiar de idea.
Rubin era un caso aparte, tanto para mí como para el resto, su vida era suya y rara vez tenía en cuenta a quien le rodeaba, vivía para trabajar o para seguir los pasos de su padre, viajaba al castillo del Rey de seguido, se entrevistaba con demonios en un despacho propio alejado de los dormitorios de los demás, en fin, vivía en una realidad paralela a todos.
Yurban por su parte cada día se mostraba mas... feliz, ya no era aquella oscura diablesa que odiaba a la humanidad y a los suyos, había comenzado a mostrar sentimientos, uno de ellos era la lectura, sin duda verme leer día tras día le llamaba la atención y había convertido los libros en una de sus nuevas aficiones, los comentarios femeninos eran otro aquel, se notaba la falta de una madre en aquella diablesa y tener una mujer con la que compartir sus dudas y sentimientos había hecho que ella cambiara por completo. Aunque algunos de sus comentarios para mi eran… vergonzosos y pudorosos, pero era divertido en parte que ella comentara ciertos asuntos que quizás algún día me tocaran vivir a mí.

En cuanto a Christhopher, no sabría como explicar nuestra relación, el era un demonio y yo una humana, me superaba en edad y experiencia, algo así como ¿quinientos años siglo arriba, siglo abajo? es muy raro darse cuenta de esa diferencia y cada vez que lo pensaba más extraño se me hacía, pero tampoco éramos una pareja normal, el dedicaba gran parte de su tiempo a su trabajo, papeles, manuscritos, firmas, gestionar su terreno y mientras tanto, yo me paseaba por el castillo, leía algún libro de la biblioteca o me entrenaba en el patio con Farkon ya que él era el único que parecía tener tanto tiempo libre como yo.

- ¿Qué te pasa? Te noto dispersa hoy. Pregunto Farkon apuntándome con una bola de fuego. Sacudí la cabeza mirándolo atontada. - No sé, es raro, me siento rara. La bola de fuego se extinguió sobre la mano del demonio el cual se acerco a mí mirándome muy de cerca. - Quizás estés preñada. Sonrió sádicamente. Me quede nuevamente en blanco, estúpidamente me lleve una mano al vientre y mire hacia abajo para después gruñir y empujar a Farkon. - Deja de intentar molestarme con esas cosas y de jugar con mi mente. Se carcajeo de mí y me abrazo fuertemente contra él. - Mi padre dice siempre que eres una niña tonta y aunque tiene cierta razón es muy cómico hacerte enfadar.

Se separo de mí inclinándose hasta cruzar la mirada conmigo y agarrándome de los hombros su gesto se torno serio. - Aun así. Pauso acercando su rostro al mío. - Puede pasar Cyliam, creo que lo sabes pero aun te cuesta reconocerlo, en cualquier momento puede crecer algo en tu interior y esto ya no es una broma, lo digo muy seriamente. Me empujo suavemente hasta uno de los bancos de piedra haciéndome sentar casi de golpe, acuclillándose ante con los brazos apoyados sobre mis rodillas mi siguió dándome la charla. - Físicamente, tu cuerpo físico, no tendría cambios, pero podrías sentir los efectos ya sabes, nauseas, cambios térmicos e incluso hormonales.

¿Porque me contaba aquello? ¿A caso Chris le había contado algo que yo no sabía? - ¿Porque me cuentas todo esto? Le pregunte con voz nerviosa.

- Prevención, No tiene porque pasar nada, pero, ¿y si pasa? Estas cosas ya han pasado antes, brujitas que se juntan con demonios y acaban con mestizos. No tengo nada en contra de los mestizos pero no siempre sale bien, la gran mayoría de humanas acaban enloqueciendo. Se sentó a mi lado pasando un brazo por encima de mis hombros, mi mente de nuevo en blanco divagaba. Había leído algunas de esas cosas, humanos y demonios no podían relacionarse físicamente, los cuerpos humanos no solían aguantar ese tipo de embarazos demoniacos, enloquecían a las mujeres haciéndolas llegar al borde del suicidio, muchas de ellas acaban así y las que corrían mejor suerte acababan desquiciadas por tener hijos deformes, hacia cientos de años que se había impuesto la prohibición de las relaciones físicas con humanos, pero no con humanos en su forma astral y aun así no siempre salía como debería ser, un cuerpo astral se nutre no solo de magia sino de su propio contenedor físico, es decir de Carla, ese era mi contenedor físico. - ¿Sigues ahí? Farkon me zarandeo para hacerme volver de nuevo. - El no me haría eso ¿Verdad? Sentía angustia de solo pensarlo.

- Quien sabe, por eso se llaman accidentes. Aunque... supongo que no, te valora demasiado como para ponerte en riesgo con una cosa así. No tendrías que preocuparte y yo... debería cerrar la boca más a menudo para no cagarla de continuo. Me sonrió y me revolvió el pelo como si fuera una niñita pequeña. - Perdona que te haya asustado. Volvamos a entrenar y olvidemos el asunto.

Aun así daba que pensar toda aquella charla, yo era una especie de invitada en aquel mundo, pero Chris parecía haberse encariñado conmigo y la mente de un demonio es mucho más perversa de lo que una simple humana como yo pudiera pensar. Que pasaría si... ¿Chris me traicionara de tal manera solo para retenerme a su lado de por vida? - ¿Insinúas que Chris y yo... ya sabes, hacemos eso? Dije con voz acobardada ante la mirada tensa que Farkon había clavado en mí.

- No insinuó, pronostico lo que pasara tarde o temprano. Eres guapa e inteligente y el siente un aprecio hacia ti que no había visto jamás y menos con una humana. Pero si mi padre se ha enamorado de ti yo no seré quien se interponga, solo quiero que tu no pierdas la cabeza, no lo olvides, somos demonios y tu aunque aquí seas un ser astral no dejas de ser una humana, sois frágiles y no me refiero a cuerpo, que también, sino a vuestra mentalidad. Camino en dirección a la puerta del castillo como para irse pero justo antes de cruzar el portón se giro y me miro. - Piensa a quien vas a entregar tu corazón. Y recuerda que ante todo eres una mujer que tendrá hormonas y sentirá esa llamada, a todas os pasa, igual que a nosotros y a todos los hombres, para eso no hay distinción de razas, demonios o dioses, humanos o espíritus…

Mientras el desaparecía yo me quede sentada en aquel banco de piedra con demasiadas cosas en las que pensar. Farkon no había mencionado ni por un momento que entregar tu cuerpo a un demonio fuera grave, a fin de cuentas, yo había perdido ese combate tiempo atrás contra él y no me había supuesto ningún dolor, tan solo gran ira y vergüenza, pero entregarle el corazón a alguien... ¿podría estar enamorada y estar dispuesta a entregar mis sentimientos a un demonio al que tan solo podía ver en mis viajes astrales? Mi mente se quedo en blanco, en realidad mi vida estaba en blanco como cuando un folio en blanco espera que comiences a escribir un nuevo capítulo.


Aunque el miedo me invadía y cada vez lo tenía más claro, debía huir de allí cuanto antes, nunca debí confiarme, los demonios son pura maldad, aunque ellos muestren un rostro amable, en su miasma esta su malicia. Suspire mirando al cielo despejado. Si, debía hacerlo debía irme cuanto antes, sin mirar atrás, sin pensarlo una sola vez. Antes de que sucediera lo que según Farkon era inevitable tenía que hallar la manera de huir.

sábado, 28 de marzo de 2015

La inocencia no es un don, es un castigo del que debes aprender.

El miedo recorría mi espalda a cada paso que daba, el Rey pretendía conocerme pero sin embargo durante el camino a penas hablamos, yo miraba inquieta al suelo, un escalón más, otro y otro y así varios hasta que llegamos al piso donde estaba mi dormitorio.
- Este es mi cuarto. Dije apresuradamente llevando la mano al pomo. En ese momento el Rey planto una mano justo en la puerta. - ¿A qué se debe tanta prisa?
Intente escaparme hacia el otro lado y de pronto su otra mano me freno el paso, sus dos manos me acorralaban. Sentí que mi corazón se disparaba, lo había sabido desde el principio, esa aura tan oscura y fría no traía buenas nuevas. - Después de tanto tiempo, por fin conozco a una guardiana y tu ¿Pretendes huir ya?

Mil maldiciones, había sido más rápido que yo, o yo mas idiota que nunca, si sospechaba de él debía haberme negado a que el me acompañara. - Eres realmente una joya digna de admirar, una joya única, Hasta ahora nunca un guardián había acabado trabajando de nuestro lado y he de decir que el que sea una guardiana en lugar de un guardián es algo que me congratula.
No era capaz de escuchar lo que decía, simplemente me encogí intentando nuevamente escapar de él, pero no funciono fue rápido y de nuevo me vi atrapada entre la espada y la pared nunca mejor dicho, sus amplios brazos eran ahora como los barrotes de una prisión, el era la espada y la pared, pues era la pared, ¿qué sino iba a ser? Mi estúpida ingenuidad, el dar segundas oportunidades a los demás, ser incapaz de decir no ¿Porque me costaba tanto? ¿Por qué maldita sea siempre me portaba con modales?

A lo lejos escuchamos unos pasos, a punto estuve de gritar cuando la mano del Rey me acallo. - Si gritas acabaras muy mal.
Se acerco a mí dejando libres mis labios y respiro suavemente sobre mi oreja. - Mantén la calma y no pasara nada. Susurro.
Los pasos eran cada vez más cercanos, una risotada me descubrió de quien se trataba, era Rubin. Gire la cabeza y allí estaba, acompañado de una mujer que no conocía, ambos nos miramos y en ese momento la expresión risueña de Rubin se torno más oscura.

- Espera aquí. Dijo a su acompañante, o al menos eso me pareció entender, camino raudo hacia nosotros hasta poner una mano sobre el hombre del Rey. - Oye tú, ¿Quien te crees que.... Mis disculpas, Majestad, no sabían que erais vos.
- Dudo mucho que haya alguien que vista como yo, no pareces ser tan atento como creía. Ladro a Rubin. - Pido disculpas Majestad, no volverá a ocurrir, lo juro. Pero Rubin no dejaba de mirarme, creo que vio en mi rostro una expresión de pánico que no le agrado. Se dio media vuelta y bufó atrapando del brazo a su acompañante arrastrándola hacia el lado contrario del pasillo.

- Bien, parece que este no es buen sitio para hablar, entremos entonces, así podremos conocernos mejor.
"- Oh dios mío, oh dios mío-" Pensaba mientras entraba a empujones delante del maldito Rey. - Vera señor, Majestad, pero me encuentro bastante cansada, y mareada, y desearía poder descansar, me gustaría poder charlar con usted pero creo que todo lo que yo diga sonara a sin sentido. El ataque de verborrea se mostraba por momentos, quizás era la forma de escapar de esa trampa.
El Rey rio a carcajadas y directamente se abalanzo sobre mi plantándome un beso en la boca y atrapándome las muñecas con fuerza. - En verdad no era ese tipo de conocimiento el que yo anhelaba conseguir. Intente gritar otra vez pero en vez de ser una mano la que me silenciara fueron los labios del demonio, patalee y ahogue mis gritos en sus labios hasta que la puerta del dormitorio se abrió de golpe con gran estruendo.

- ¡¡Cyliam!! Chris miro atónito con los ojos abiertos como platos. - Lo siento, no, yo, esto lamento molestaros. La expresión del Rey se volvió más oscura que la noche. - Estoy hasta los mismísimos de que tú y los tuyos me incordien. Ladro al acongojado Chris que no hacía más que inclinar la cabeza pidiendo disculpas.

Note que la fuerza sobre mis muñecas ya no era la misma, le di un manotazo al dichoso demonio y salí corriendo a refugiarme entre los brazos de Chris. - Yo no quiero que ningún demonio me vuelva a tocar nunca más, yo, yo... Christhopher quiero que tú seas mi protector y que tan solo tú puedas abrazarme. Rompí a llorar sobre el pecho de Chris sintiendo como su mano acariciaba suavemente mi cabeza. - Descuida pequeña, así será. Alzo mi barbilla y sonrió tiernamente. - Pero para eso, habremos de hablar seriamente. Dijo besándome la frente con cariño. - Lo siento mucho Majestad, pero...
El Rey había levantado la mano. - No digas nada, me alegra. Pensaba que no tenia sentimientos, que era incapaz de decir que no pero ya veo que aunque de malas maneras ha aprendido la lección. Niña tonta, si no deseas que ningún otro demonio te mancille, no te calles tu opinión y lucha hasta al final, quizás pierdas pero si pierdes sabrás que diste todo por ti. ¿Lo has entendido? Deja de ser una mojigata facilona y espabila. En fin, volveré a la fiesta, seguro que alguna de las invitadas le apetece... ya sabes...

- Me has sorprendido niña. Dijo Chris abrazándome con fuerza contra él. - Mira que eres boba. Golpeo mi frente con su índice. - Siempre tenemos que andar salvándote el culo. Su mano azoto mi trasero lo que inevitablemente hizo que yo le cruzara la cara de un bofetón. - ¡Au! pensaba decir que no me importaría salvar ese culo todos los días, pero creo que me lo pensare la próxima vez. Parecía molesto, tanto que no tardo un segundo en dirigirse a la puerta con intención de irse. - No te vayas. Dije atrapándole del brazo. - Lo siento, no quería hacerlo pero, me salió así.

Chris se carcajeo apretándome las mejillas. - Eres muy tonta y muy inocente, creo que por eso me encantas. Le mire embobada, sabía que mis labios ahora mismo estarían como uno de esos peces, poniendo morritos y era incapaz de desviar la mirada de los labios de Chris, algo dentro de mi insistía en que necesitaba un beso que calmara aquella ansiedad en mi. Estábamos tan cerca que parecía ser sencillo, me acerque y apoye mis manos sobre su pecho buscando su mirada con la mía esperando que entendiera el mensaje, y así lo hizo, lentamente se acerco a mí y deposito un beso suave y limpio sobre mis labios. - Me alegra que ya estés mejor. Nos abrazamos sintiendo como nuestros corazones se sincronizaban, ahora ambos parecíamos estar calmados.
- ¿Te ayudo a quitarte el vestido? Prometo no mirar. Ambos nos sentamos en la cama, yo de espaldas a él dejando que soltara los corchetes del vestido, era raro, no eran botones ni tampoco cremallera, pero he de admitir que un vestido con corchetes acaba pareciendo una prenda sin costuras de ningún tipo.

Alguien llamo a la puerta y Chris dio paso a quien estuviera esperando allí. - ¿Está bien? Pregunto una voz ronca que llamo mi atención. Me gire y vi algo que realmente me dejo totalmente noqueada, un Rubin totalmente desgarbado, sin camisa que se abotonaba los pantalones, tenía el pelo muy revuelto y sudado y una expresión de agotamiento. ¿Qué le había pasado con aquella mujer? ¿O es que se había peleado con el Rey? - Este bien, gracias por avisarme hijo. Respondió alegremente Chris a un curiosamente y sospechoso Rubin que sonreía ampliamente. Cuando la puerta se cerró no pude evitar mirar a Chris con dudas.

- ¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara? Pregunto él con cierto tono asustado.
- No, pero Rubin, estaba... raro... ¿Él y esa mujer...?
- Ahh, lo dices por Rubin. Niña tonta, es un adulto, tiene todo el derecho del mundo a llevar a su cama a quien guste, no sé por qué te parece raro... Inocente. Dijo golpeándome de nuevo la frente. - Algún día tú serás una mujer y harás lo mismo.
Me cruce de brazos enfadada. - Yo nunca me acostaría con un desconocido si es lo que insinúas.
- No me digas que de pronto te esta apretando la madurez, si estas en plena edad de querer buscar novios a patadas.
- Yo no soy como las otras, no soy una facilona y nunca lo seré. De nuevo sentía ganas de pegarle, gritarle y desaparecer de ese maldito mundo lleno de demonios.
- Pues yo pensaba que tú querías... ya sabes... tú y yo, se supone que nos gustamos ¿no?

- Mejor dejémoslo. Gruñí, aunque algo de razón tenía Chris. En mi interior parecía haberse despertado un extraño sentimiento ¿Quizás estaba dejando de ser una niña para convertirme en una mujer? ¿Pero cómo podía estar pensando en eso si tan solo tenía quince años? Está claro, aquellas dos copas de vino había hecho estragos en mi cabeza, si, aquella era la respuesta verdadera a mis dudas.


jueves, 29 de enero de 2015

El baile que no terminaba nunca

- ¿Donde crees que vas? Pregunto risueño agarrándome de la mano y besándola como en un disimulo ante la mirada de su hermano. - Tranquilo Rubin, yo me encargare de ella, puedes descansar un rato. Dijo sonriendo. Tras la marcha de Rubin, Farkon se giro hacia mí pasándome un brazo sobre los hombros.

- ¿Qué diablos quieres Farkon? Pregunte molesta mientras aun refunfuñaba dentro de mí. - Sin que sirva de precedente, vengo a salvarte. Bailaremos juntos, sonreiremos y nos reiremos de los comentarios de los demás, luego tomaremos una copa de vino, iras a saludar a Su Majestad y después de eso, yo, mi querida guardiana, te sacare de esta jaula de ricos.

Le mire atónita, hablaba muy seguro de sí mismo, como si ya hubiera hecho aquello mil veces. - ¿Cual es la trampa? Su rostro miro con dudas. - Vaya, pues gracias por no fiarte de mí, yo solo comprendo tu malestar y quiero ayudarte, no voy a pretender nada contigo, ya bastante escaldado he quedado con mi padre.

De nuevo nos unimos al baile, mas de una docena de parejas de demonios bailaban como si yo no fuera más que otra mas, eso me tranquilizaba, pero no la duración del baile, parecía interminable, vuelta para aquí, vuelta para allá, ahora chocando las manos, girando mientras nos miramos, miradas coquetas, madre mía, aquello era pijilandia.
Finalmente la gente parecía dispersarse, el baile había finalizado, en realidad tan solo aquella pieza, pero no fue difícil escabullirse, Farkon camino tras de mi hasta una mesa donde varias copas brillaban relucientes llenas de diferentes caldos. - Puedes beber algo, no pasara nada. Dijo Farkon alargando la mano para coger uno de los caldos de un granate muy intenso. - Salvo estas, dudo mucho que la sangre sea de tu agrado. Yo arrugue el gesto llevándome una mano al estomago. "Asquerosos", pensé mirando varias veces las copas dudando si alguna en verdad seria vino o alguna otra sorpresa.
Me tendió la mano y señalo con la cabeza en dirección a Chris y el Rey, suspire torciendo el morro y acepte de mala gana el ir, quizás ahora, la idea de tomarme una copa de vino no parecía tan descabellada, apreté la mano del demonio haciéndole entender que antes de esas presentaciones necesitaba distraer a mi mente, la idea pareció satisfacerle y acerco su copa a la mía. - ¿Brindamos? Algo en su sonrisa consiguió calmar mis nervios haciéndome sonreír de una manera jovial, ambos bebimos la copa casi de un trago pero aprovechamos a llevarnos una copa cada uno para el camino.

- Que grato placer. ¿Así que tú eres la famosa guardiana? El Rey atrapo mi mano con rapidez besándola con una pasión que me abrumo, era extraño, más que extraño diría que molesto, algo en su aura me hacia desconfiar. Intente no mostrar esos sentimientos y simplemente permanecí callada mirándolo y examinándolo. A simple vista parecía un "hombre" de lo más normal, su cabello era de color castaño, lo lleva baba recogido en una pequeña coleta por lo que debía llevar media melena si se soltaba la coleta, sus ojos eran también castaños o quizás chocolate pues eran más oscuros de lo que esperaba, por lo demás era un hombre bastante más alto que yo, aunque eso no era difícil de encontrar, cualquiera ya sea humano o demonio tendía a ser más alto que yo, en cuanto a su complexión parecía ser fuerte, al menos mas que Chris, tenía unos amplios hombros y por lo ajustado de su traje también su pecho parecía ser grande, eso sin contar que no es que le faltaran bíceps, como diría mi madre, un armario empotrado de esos que si te descuidas te dejan de calcomanía en la pared.

- Encantada. Acerté a responder al fin tras el examen del individuo. De nuevo lleve la copa de vino a mis labios, era inevitable, bebí todo el caldo de un solo trago y mire a mí al rededor, algo en mi mente me decía "-huye, huye ya condenada-"
- ¿Te encuentras bien niña? Chris acaricio mi mentón delicadamente mirándome extrañado a la vez que achinaba los ojos como intentando ver dentro de mi mente. Cerré los ojos y tome aire. - Si, pero no me encuentro demasiado bien, me gustaría irme a descansar. Sentí la mano de Farkon enredando sus dedos con los míos. - ¿Quieres que te acompañe? Pregunto apretando mi mano. Asentí levemente pero en el momento en que íbamos a darnos media vuelta una tercera mano se apoyo sobre mi hombro.


- A penas he podido conocerte, déjame que yo te acompañe para poder conocerte algo más. El Rey parecía imponer su voluntad sobre cualquier sentimiento, mire a Chris y Farkon ambos parecían resignados y tan solo agacharon la cabeza. - Vale...

jueves, 8 de enero de 2015

Fauces y garras (Especial de Navidad, Final)

Mientras los demás se preparaban para su proyección astral, Chris y yo vigilábamos a todos, fuimos los últimos en viajar. Me metí en la cama, con cierta angustia en el estomago, estaba preocupada.
- Tranquila, respira, todo saldrá bien. Dijo Chris mientras apagaba la última luz y encendía una vela. – Tomate esto, te ayudara. Me dio un pequeño frasco con un líquido turbio, torcí el gesto y rechace con la cabeza. – Confía en mí. Insistió, yo resople y bebí aquel líquido, era dulzón, como melaza, pero aquel color turbio no desaparecía de mi cabeza.

En seguida note como el sueño se apoderaba de mi, tendí la mano a Chris y en cuestión de nada mi mente se oscureció y como un destello de pronto estaba sobre uno de los tejados de la plaza, podía observar desde lo alto a los demás, espalda contra espalda todos dentro del circulo más pequeño. Chris estaba a mi lado, en su forma natural, buena en su forma natural humana, no iba a mostrarse como un demonio para que lo vieran.
- Ya estamos todos. Dijo con seriedad mirando a un lado y a otro. – Ya vienen. No parecía el, estaba más serio que de costumbre, mire mis ropas, era yo, mi autentico yo, por un momento sonreí al notar mis trenzas. Un chillido agudo me saco de mi atontamiento, habían atrapado a Shasha y el pánico había invadido a los demás que miraban con desespero a la guardiana peleando con aquella bestia. – Usa esto. Chris me tendió mi arco, aquel arco que tantos quebraderos de cabeza me había dado, extendí mis alas dispuesta a usar una de las plumas como flecha. – No. Me detuvo apretando la mano. – Es tu prueba, demuéstrame lo que vales. Me mostro una flecha real, de madera negra de ébano, con una punta fina y afilada de plata y plumas blancas como la nieve. – Deberás apuntar bien o… acabaras matándola a ella, y no me repliques. Sentencio con una mirada oscura y profunda.

Las manos me temblaban  y la angustia en mi estomago apretaba con fuerza, tense la cuerda plateada del arco, cerré los ojos y respire profundamente, con la mirada fija en la punta apunte a mi objetivo, aquella hiena, tense y tense el arco y deje que la flecha se deslizara, rauda y veloz atravesó la cabeza de la hiena y esta se desplomo sobre Shasha.
Me alegre de la buena puntería y salte desde el tejado planeando ligeramente hasta aterrizar a escasos metros de ella.
- Me has… Shasha se deshizo del cadáver como pudo y se lanzo a mis brazos. – ¿Carla? Sonreí ligeramente y ladee la cabeza. – En verdad es Cyliam, pero sí, soy ella, soy yo, ambas somos la misma persona. La abrace con fuerza y suspire aliviada al verla sana y salva.

- ¿¡Porque!? Kira señalaba mis alas con enfado e ira. Todos se giraron para chistarla. Mi sonrisa entonces se volvió una burla hacia ella. - ¿Crees que eres la única con habilidades? Siempre has querido ser el centro de atención haciéndonos creer que éramos menos que tú, pero ya ves que no es así. Me gire hacia Shasha y la invite a entrar al círculo de nuevo. – Creo que es mejor que te quedes aquí, no debemos volver a correr más riesgo. Yo intentare encargarme del resto.
Alce la mirada hacia el tejado donde Chris seguía observando y pude vislumbrar una sonrisa llena de malicia en el, quizás estaba orgulloso de mi o tal vez estaba disfrutando de la humillación de Kira.

Pronto comenzaron a arremolinarse a nuestro alrededor las hienas, no fue difícil deshacerse de los primeros, aquellos demonios no eran demasiado inteligentes, un par de bolas de fuego y un par de golpes con el arco.
Pero en un despiste sentí que algo me agarraba la pierna, al mirar abajo una de las hienas malheridas aun viva se había aferrado a mi pierna, aullé mas de asco que de miedo y en un instante me encontré de espaldas al suelo con unos afilados y amarillentos colmillos acercándose peligrosamente a mí. Por un segundo el miedo me invadió, pero como por arte de magia un enorme carámbano de hielo cruzo por encima mío atravesando la cabeza de aquella fiera, aparte de una patada a la segunda que aun se afanaba por agarrarse a mi pierna, a mi lado Shasha jadeaba aparentemente agotada debido al esfuerzo empleado en crear aquel carámbano.
- ¿Yo he…? No parecía ser consciente aun de su logro, se la veía enrojecida y algo asustada. Sonreí ampliamente y afirme con la cabeza. - ¿Ves como tú también puedes?

Un suave aroma a menta inundo el lugar acompañado de una brisa fresca, Jal se veía más altivo que de costumbre, como emocionado. – Si ella puede yo también. Muchas magias comenzaron a fluir entonces, vientos cortantes tan afilados como la hoja de una espada, carámbanos y bolas de nieve y por mi parte, bueno tenia preferencia por el fuego, pero de vez en cuando algún rayo iluminaba el parque.

Estaba a punto de amanecer cuando la ultima hiena se desplomo. Todos nos miramos aun con dudas. - ¿Ya se acabo? Pregunto Shasha aun con dos bolas de nieve sobre sus manos, Jal hacia girar un pequeño tornado sobre la palma de una de sus manos alerta de lo que pudiera pasar yo sin embargo, miraba de lado a lado y aguzaba el oído atenta a cualquier extraño sonido. – Eso parece. Arriesgue a contestar, justo antes de que una veloz hiena me atrapara por el pelo usándome de escudo. – No os acerquéis. Dije en voz alta. – Volved al círculo. Pero ellos no respondieron a mi orden, se quedaron boquiabiertos mirándome y justo entonces sentí que la hiena tiraba con fuerza de mi pelo para después desplomarse a mis espaldas.
Al girarme comprendí todo. Chris permanecía en pie con una daga goteando miasma mientras que la hiena ahora exhalaba sus últimos alientos con la garganta abierta dejando caer más miasma aun. Aquel olor tan caracterismo hizo que todos nosotros comenzáramos a sentir nauseas y buscáramos un lugar donde la peste no llegara.

- Ahora sí, ahora ya ha terminado todo. Dijo Chris y justo en ese momento con el sol saliendo por el horizonte comenzaron a caer pequeños y gráciles copos de nieve que brillaban como joyas con los primeros rayos del sol. Corrí hasta Chris e inconscientemente lo abrace agradecida, me acababa de salvar la vida y por su rostro pude adivinar que estaba satisfecho tras el show que tres guardianes habíamos dado. – Habéis estado geniales. Salvo una persona. Sus ojos se posaron en Kira que no había hecho nada de nada en todo el ataque más que refunfuñar. – Incluso vosotros dos que pensabais que por ser humanos no podríais ayudar lo habéis hecho, avisasteis a los guardianes por donde eran atacados y les disteis tiempo de reaccionar. Creo que en algún momento seréis un gran equipo siempre y cuando os veáis como sois ahora mismo, ya no necesitáis una sacerdotisa que os menosprecie, vosotros habéis demostrado de lo mucho que sois capaces. Chris me agarro de la mano y sonrió. – Y ahora creo que es hora de volver a casa.

- ¿Podemos quedarnos a ver el amanecer? Nunca lo he visto y con la nieve y un poco de magia puedo hacer que este sea el mejor amanecer de la historia.
Shasha alzo las manos y de la nada comenzaron a formarse estructuras de hielo en forma de arboles que se cubrieron con una esponjosa capa de nieve blanca y fina. Hasta un camino de nieve se formo a nuestros pies y poco a poco los copos que caían junto al amanecer formaron la imagen más bella que unos ojos humanos pudieran ver.


A excepción de Kira, todos los demás nos quedamos para ver la gran obra de Shasha. – Esto es precioso. Dije apretando la mano de Shasha. – Gracias por este regalo. –Isi y Angie ambos humanos estaba disfrutando como niños. – Somos increíbles, es cierto. Finalizo Jal y tras eso, todos suspiramos aliviados y felices.