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sábado, 8 de diciembre de 2012

Un extraño baño



La puerta se abrió de golpe, y un enfadadísimo Farkon se acerco hasta Yurban a  grandes y pesados pasos. - ¿Pero tu de que coño crees que vas? Esa chica es mía, solo mía y tu no tienes derecho a tocarla. Gritaba al tiempo que elevaba por el brazo a Yurban con violencia, la muchacha saco las uñas y lanzo un fiero zarpazo al rostro de Farkon, que de un salto se alejo.

- Eres una maldita niña engreída y malcriada que te crees que todos son de tu propiedad, pero esta no lo va a ser nunca. Dijo mientras se acariciaba los tres arañazos que tenia en la mejilla.
- Y tu eres un chulo, se supone que tenemos que protegerla y tu la has dado la paliza de su vida además de violarla.

Me incorpore gimiendo de dolor, con los ojos como platos y la boca medio abierta intente pronunciar algo pero caí al suelo de nuevo llorando desconsoladamente. - Mira lo que has hecho con ella. No puede levantarse y a penas es capaz de calmar sus lágrimas.
En ese preciso momento la puerta volvió a abrirse de golpe apareciendo tras el portazo el otro hombre de ojos amarillos, empujo a Farkon a un lado y se encaro hacia el con una mirada mas que seria. - Deberías empezar a comportarte de una vez. Dijo mientras lo empujaba a golpes hacia la pared.
Farkon golpeo el ultimo manotazo del joven. - Pensaba que queríais que la hiciera fuerte, para eso nos hemos encargado nosotros de este trabajo. Os dije a los dos que si queríais encargaros de ella y ninguno aceptasteis el trabajo. Haced lo que os de la gana. Dijo mientras se alejaba hacia la puerta.

- Farkon, no te he dado permiso para marcharte, tu tienes que protegerla y entrenarla, pero eso no implica que tengas que romperla los huesos. Yurban nos vamos, déjales solos, tienen mucho de que hablar. Yurban intento abrir la boca para protestar pero una mirada fulminante de aquel hombre hizo que afirmara con la cabeza y recogiera su ropa para seguirlo.
De nuevo me quede sola con Farkon, comencé a temblar esperando gritos o golpes, me encogí en el suelo cerrando los ojos con fuerza esperando algún castigo como el anterior pero no hubo ni una sola voz, casi ni lo escuchaba respirar, pero estaba tan atemorizada que no me atrevía a moverme.
Sentí por fin que se acercaba a mi y me agazape mas, como deseando desaparecer, pero el tan solo paso la mano por mi cabeza como intentando calmarme.

- En fin. Creo que no hemos empezado con buen pie. Dijo Farkon apoyando la mano sobre mi hombro, yo guarde silencio y permanecí inmóvil.
Sentí como se deshacía de su ropa y me mecía sobre el suelo con delicadeza como intentando que dejara de agazaparme como un conejillo asustado por un gato, finalmente consiguió que me soltara, pero yo permanecía con los ojos cerrados con fuerza, respirando lentamente como haciéndome pasar por muerta, pronto empecé a sentir como aquel agua comenzaba a rozarme, estaba tibia y producía una sensación de relax en mi.
Abrí un ojo y observe cautelosa, Farkon sonreía  aunque me parecía forzado a hacerlo, finalmente abrí los dos ojos y me quede mirándole fijamente. - ¿no te gusta el baño? Me pregunto mientras soltaba mis piernas y yo sentía como el agua llegaba hasta mi cintura, la impresión que me dio al sentir el calor subiendo por mi cuerpo hizo que me encaramara a su cuello asustada. - El agua no muerde, ¿lo sabias?
El se rió de una manera muy jovial y eso me asusto tanto que me solté de golpe sumergiéndome en aquel agua y chapoteando hasta que sentí como el me levantaba con sutileza por las axilas y continuaba riéndose.

Abrí los ojos de par en par, no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando, me revolví y cuando caí de nuevo al agua me aparte de el nadando torpemente hasta el borde, pero el me siguió hasta acorralarme. - Lección numero uno, jamas le muestres tu miedo a un demonio. Y ahora dime, ¿que tal están tus heridas?
Me sorprendí tanto de aquella "lección" que intentaba enseñarme como de la pregunta, no obstante comencé a mirarme las muñecas y las zonas en donde antes había golpes y heridas, ya no me dolía nada, aun así quedaban rastros de las heridas. - Bien, supongo... ¿que clase de agua es esta?

El se alejo y salio de aquella pequeña piscina cubriéndose con un manto aterciopelado, yo por mi parte preferí quedarme en el agua, apoyando los brazos cruzados sobre el bordillo y dejando que mi cuerpo flotara relajadamente.

- No es agua y tampoco creo que quieras saber lo que es. Me contesto tirándome una toalla frente a mi, la cual a simple vista parecía ser muy suave y cálida. - Cuando te sientas mejor ve a verme, ya sabes donde estoy.

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